
Durante años viajamos sin asistencia al viajero. Hoy no volveríamos a hacerlo.
Durante años viajamos sin asistencia al viajero porque nos parecía un gasto innecesario. Una infección en Ecuador, un susto en Croacia y un accidente en Formentera cambiaron por completo nuestra forma de verlo.


Viajar en bicicleta por el mundo es una aventura emocionante. Te permite descubrir nuevos lugares a tu propio ritmo, conocer personas, atravesar paisajes increíbles y vivir experiencias que difícilmente olvidarás.
Cuando organizamos un viaje solemos dedicar horas a planificar la ruta, elegir el equipo o preparar la bicicleta. Sin embargo, hay un aspecto que muchas veces dejamos para el final y que puede marcar una enorme diferencia: la asistencia al viajero.
Con los años también ha cambiado la forma de viajar. Cada vez son más los países que exigen contar con una cobertura médica para ingresar, por lo que una asistencia al viajero ha pasado de ser una recomendación a formar parte de la planificación de cualquier aventura. Pero, más allá de que sea un requisito en muchos destinos, nosotros creemos que su mayor valor está en otra parte: la tranquilidad de saber que, si algo sale mal, no tendrás que enfrentarlo solo.
¿Vale la pena contratar una asistencia al viajero?
Nuestra experiencia: de viajar sin asistencia a no salir sin ella


En nuestro primer gran viaje por América Latina no contratamos ninguna asistencia al viajero. En ese momento, en muchos países no era un requisito para entrar y, siendo completamente honestos, con el presupuesto que teníamos nos parecía un gasto del que podíamos prescindir. Preferíamos invertir ese dinero en alargar unos días más el viaje.
Durante meses no tuvimos ningún problema importante, hasta que en Ecuador Agus sufrió una infección por estafilococo y necesitó atención médica. En aquella ocasión la consulta fue gratuita y todo quedó en un buen susto. Sin embargo, hoy una consulta similar puede costar fácilmente entre 25 y 40 dólares, sin contar medicación, análisis o cualquier tratamiento adicional. No fue una situación grave, pero nos hizo pensar en lo rápido que un imprevisto puede alterar el presupuesto de un viaje largo.
Años después comenzamos nuestra segunda gran etapa, pedaleando por Europa, y la realidad era diferente. Para ingresar al espacio Schengen ya era obligatorio contar con un seguro o asistencia médica de viaje. Es cierto que no siempre lo solicitan en la frontera, pero si deciden comprobar la documentación y no cuentas con ella, pueden denegarte la entrada. Así que esta vez no hubo mucho que pensar: contratamos una asistencia al viajero antes de salir. Y menos mal.
Durante nuestro paso por Croacia nos tocó pedalear varios días con muchísimo frío, en pleno invierno. Empecé a sentirme realmente mal: escalofríos, dolor de cabeza, fiebre y un malestar general que iba en aumento.
Lo que más me preocupaba era que unos días antes habíamos acampado en una casa abandonada donde había excrementos de ratón. El lugar estaba ventilado y seguramente una cosa no tenía nada que ver con la otra, pero la cabeza empezó a jugarme una mala pasada y no podía dejar de pensar que podía haber contraído alguna enfermedad. Decidimos ir al médico para salir de dudas. Afortunadamente no era nada importante y a los pocos días pudimos continuar el viaje.
Lo que más recordamos de esa experiencia no fue la consulta en sí, sino la tranquilidad de saber que no tendríamos que pagar nada extra por recibir atención médica. En ese momento toda nuestra energía podía estar enfocada en recuperarme, no en hacer cuentas. Porque cuando uno ya está pasando por un mal momento, lo último que necesita es sumar otra preocupación.
Y la última experiencia que terminó de convencernos llegó en un lugar donde jamás habríamos imaginado necesitar asistencia. Estábamos pasando unos días en Formentera cuando, caminando por la playa, me pinché con una aguja que estaba escondida en la arena. En cuestión de segundos se me vinieron mil escenarios a la cabeza. ¿Y si la aguja había sido utilizada? ¿Y si existía algún riesgo de contagio? Probablemente las posibilidades fueran muy bajas, pero el miedo apareció inmediatamente. Me fui directo al hospital para que me revisaran y me indicaran qué pasos debía seguir. La consulta costaba alrededor de 300 euros, pero gracias a que tenía asistencia al viajero no tuve que pagar absolutamente nada.
Ese día entendí que la verdadera tranquilidad no está únicamente en que alguien pague una factura. Está en poder tomar la decisión de ir al médico sin pensar primero cuánto va a costar.


Mucho más que un seguro médico
Aunque muchas veces hablamos de "seguro de viaje", en realidad la mayoría de las compañías ofrecen un servicio de asistencia al viajero.
Y la diferencia es importante.
No se trata solamente de cubrir gastos médicos. También significa tener a alguien que te ayude cuando estás lejos de casa.
Dependiendo de la cobertura contratada, una asistencia al viajero puede ayudarte a:
Encontrar el hospital o la clínica adecuada.
Coordinar la atención médica.
Cubrir consultas, tratamientos y hospitalizaciones.
Organizar una repatriación si fuera necesaria.
Cubrir una prolongación de la estancia por motivos médicos.
Enviar medicamentos.
Gestionar la pérdida o robo de documentación.
Indemnizar por pérdida o demora del equipaje.
Cubrir retrasos o incidencias en vuelos.
Ofrecer cobertura de responsabilidad civil.
Gestionar un regreso anticipado por una emergencia familiar.
Cuando viajas durante semanas o meses, especialmente en bicicleta, tener un equipo que pueda ayudarte a resolver este tipo de situaciones vale mucho más que el simple reembolso de una factura.


Un detalle que conviene revisar
Con el tiempo también aprendimos que no todas las asistencias ofrecen exactamente las mismas coberturas.
Si tienes alguna enfermedad preexistente, merece la pena revisar bien las condiciones antes de contratar.
En nuestro caso, por ejemplo, Seba tiene asma alérgica. Cuando viajamos por zonas tropicales o con mucha humedad, los síntomas pueden empeorar y en ocasiones necesita inhaladores o medicación específica.
Es algo que siempre comprobamos antes de contratar una asistencia. Esperamos no tener que utilizar esa cobertura, pero saber que está contemplada nos da mucha tranquilidad.
Viajar con una preocupación menos
Después de tantos kilómetros seguimos pensando lo mismo. Ojalá nunca tengas que utilizar la asistencia al viajero. Pero si llega ese momento, agradecerás haberla contratado.
No se trata únicamente de quién paga una consulta médica o una hospitalización. Se trata de poder dedicar toda tu energía a recuperarte o resolver el problema, sin añadir el estrés de buscar un hospital, hablar otro idioma o enfrentarte a una factura inesperada.
Nosotros tardamos varios años y unas cuantas experiencias en cambiar la forma de verlo. Al principio nos parecía un gasto innecesario; hoy forma parte del presupuesto de cualquier viaje, igual que llevar un buen casco o revisar la bicicleta antes de salir.
Si estás preparando tu próxima aventura, al final de este artículo te dejamos la asistencia al viajero que utilizamos actualmente y un descuento exclusivo para la comunidad, por si puede ayudarte a viajar con un poco más de tranquilidad.